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El Kerusso

Blog de Carlos Rijo Telleria

Sin lugar a dudas, la resurrección de Cristo es el pilar principal de la fe cristiana. Pablo lo dice de manera contundente: «Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, tampoco la fe del creyente». Esto quiere decir que si la resurreción de Cristo es una falsedad, todo lo demás es falso y carente de valor, y toda la esperanza de cristianismo es ilusoria. Es por esa razón que un acontecimiento tan importante, como el levantamiento de Jesús de entre los muertos tres dias después de su crucifixión, debia estar bien probado y documentado; y así fue.

La biblia dice que Jesús se presentó vivo con muchas pruebas. ¿Cuáles son esas pruebas de la resurrección de Cristo?

Para contestar esta pregunta primero debemos aceptar que es un hecho irrebatible que Jesús vivió en el primer siglo en Palestina, y que fue crucificado y sepultado, como lo vimos en nuestro articulo anterior ¿Jesús Realmente Murió en la Cruz? , (así asevera la historia cristiana, judía y pagana), la pregunta intrigante que sigue es: ¿Qué pasó con el cuerpo de Jesucristo? Ningún historiador honesto puede evitar esta interrogante. Realmente, existen solamente cuatro explicaciones para la ausencia del cuerpo del Salvador: (1) el cuerpo está todavía enterrado en alguna tumba desconocida de Palestina; (2) fue removido de la tumba por los enemigos del Señor; (3) fue removido de la tumba por los amigos del Señor; o (4) se levantó de la tumba y ahora está en los cielos. Vamos a considerar brevemente cada una de estas opciones.

(1) Simplemente la historia no apoya que el cuerpo de Cristo esté todavía enterrado en algún lugar cerca de la ciudad de Jerusalén, ya que cuando los apóstoles comenzaron a llenar esa ciudad con las enseñanzas de un Señor resucitado (Hechos 5:28), las autoridades simplemente hubieran enseñado el cuerpo y por ende desmentido el “mito” del evangelio. Y no sería de ayuda sugerir que las autoridades no sabían dónde estaba sepultado el cuerpo de Jesús, ya que ellos habían asignado soldados para custodiarlo. Además, la tumba había sido sellada (vea Mateo 27:62-66), y hubieran habido registros disponibles que documentaran dónde el cuerpo de Cristo había sido colocado.

(2) Es igualmente absurdo argumentar que los enemigos del cristianismo robaron el cuerpo de Jesús, ya que en el día de Pentecostés, cuando Pedro y los otros proclamaron la resurrección de Cristo, aquellos enemigos hubieran volcado abruptamente el cadáver del Señor en medio de la multitud y ¡el Camino Cristiano hubiera muerto con un quejido en ese mismo lugar!

(3) La acusación común de la infidelidad ha sido que los discípulos de Cristo confiscaron Su cuerpo e inventaron la historia de la resurrección. Esto, en efecto, fue el cuento fabricado por los principales sacerdotes quienes sobornaron a los soldados para afirmar que “Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron estando nosotros dormidos” (Mateo 28:13). ¡Qué imaginación tan brillante—testigos durmientes! Y el apóstol Mateo, escribiendo a lo menos dos décadas después de la resurrección, observó que este rumor ridículo “se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy” (Mateo 28:15). De hecho, el cuento continuó muchos años más allá del tiempo de Mateo. Además, ¿qué motivo posible pudiera haber poseído a los discípulos para robar el cuerpo, y luego clamar una resurrección cuando ellos ni siquiera habían anticipado la resurrección (cf. Marcos 16:11-13; Lucas 24:10 et.seq.; Juan 20:25)? Y ¿qué ganaban al contar la historia de la resurrección? ¡Ellos no ganaron nada solo tortura y muerte! Aunque los hombres puedan morir por decepción religiosa, ¡ellos no se dirigen voluntariamente a sus muertes sabiendo que están inventando una mentira! Finalmente, existe ese problema inexplicable de cómo los discípulos violaron esa guardia experimentada de soldados y se escaparon con el cuerpo. La noción de que el cuerpo del Señor fue robado por Sus amigos no concuerda con la evidencia.

¿Qué de los Testigos Oculares?

En cuanto a los testigos oculares; Lucas, un médico (Colosenses 4:14) e historiador de primera categoría, después de haber investigado el asunto cuidadosamente, declaró que Jesús “se presentó vivo con muchas pruebas” (Hechos 1:3), apareciendo en numerosas ocasiones durante un periodo de cuarenta días entre Su muerte y ascensión. La palabra “pruebas” traduce un término griego que fue usado por escritores clásicos para “denotar la prueba más fuerte a lo cual un sujeto es susceptible” (Alexander, 1959, p. 5). Los aparecimientos post-resurrección del Señor que están registrados son los siguientes.

  1. Cristo se apareció a María Magdalena en el sepulcro después que Pedro y Juan habían salido (Juan 20:11-17; Marcos 16:9-11).
  2. El Señor se apareció a un grupo de mujeres discípulas que habían visitado Su tumba vacía (Mateo 28:9,10).
  3. Jesús se apareció a Pedro en la tarde el día de resurrección (Lucas 24:34; cf. 1 Corintios 15:5).
  4. Él se apareció a dos discípulos en el camino a Emaús (Lucas 24:13-35; Marcos 16:12).
  5. Cristo se apareció a los apóstoles en la noche de la resurrección [estando Tomás ausente] (Marcos 16:14; Lucas 24:36; Juan 20:19-23).
  6. El Señor se apareció a siete de Sus discípulos al lado del Mar de Tiberias, y preguntó a Pedro tres veces si él le amaba (Juan 21:1-23).
  7. Él se apareció en una ocasión a más de quinientos hermanos, la mayoría de los cuales estaban vivos cuando Pablo escribió la carta llamada Primera a los Corintios (1 Corintios 15:6), lo cual demuestra que la historia de la resurrección podía ser chequeada.
  8. Jesús se apareció a Santiago (1 Corintios 15:7)—probablemente el medio-hermano del Señor quien anteriormente no creía (Juan 7:3-5).
  9. Cristo se apareció a los once discípulos en el monte de Galilea donde Él les dio lo que es llamado la “gran comisión” (Mateo 28:16-20).
  10. El Señor se apareció a los discípulos en el Monte de los Olivos justo antes de Su ascensión al cielo (Lucas 24:44-53; Hechos 1:3-9).
  11. El Viviente (Apocalipsis 1:18) se apareció a Esteban, Su primer mártir (Hechos 7:55,56).
  12. Cristo se apareció al apóstol Pablo en su camino a Damasco (Hechos 9:3-6), luego, cuando Pablo estuvo orando en el templo (Hechos 22:17-21), y mientras estaba en la prisión en Cesarea (Hechos 23:11).
  13. También, el Señor se apareció al “discípulo amado”—Juan—en la isla de Patmos (Apocalipsis 1:12-20).
El estudiante honesto de historia, por tanto, solo tiene una alternativa—¡Jesús de Nazaret realmente sí se levantó de los muertos! ¿Puedes creerlo?
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Nos complace presentarles un artículo interesantísimo extraido del valioso libro Apologética de Norman Geisler y Ron Brooks  en donde se expone de manera casi exhaustiva las evidencias de la muerte de Jesús en la cruz con argumentos irrefutables:

«Antes que podamos probar que Jesús se levantó de los muertos, tenemos que probar que realmene murió. El Corán afirma que Jesús solo fingió morir. (Sura IV: 157), y muchos son los escépticos que dicen que parecia estar muerto, quizá drogado, pero revivió en la tumba. No es un milagro que un hombre vivo salga caminando desde un sepulcro. Para que la resurrección tenga significado, Jesús tuvo que morir primero, y para probarlo debemos considerar varios puntos.

1.- No hay evidencia que sugiera que Jesús haya sido drogado. El rechazó el analgésico que usualmente les administraban a las victimas de la crucifixión (Marcos 15.23). Justo antes de morir le ofrcieron un sorbo de vinagre para  aliviar su reseca garganta lo que no alcanzó a intoxicarlo (v. 36). Su evidente agonía y muerte no encajan en el cuadro de un hombre que está por quedar como muerto en un estado inducido por la droga.

2.- La abundante hemorragia confiere alta probabilidad a la muerte. Su extremo estado emocional le hizo sudar grandes gotas de sangre mientras oraba en el huerto (Lucas 22.44). Probablemente Jesús estaba ya en estado grave o crítico antes de que lo crucificaran, pues la noche anterior a la crucifixión fue golpeado y azotado repetidas veces con un látigo romano (de tres puntas recubiertas con pedazos de hueso o metal), que desgarró los músculos esqueléticos, y preparo las condiciones para un colapso circulatorio. Además, le habian insertado en su cabeza una corona de espinas; luego, entre las nueve de la mañana y poco antes del ocaso (vv. 25,33), sufrió cinco heridas importantes, de las cuales cuatro fueron las de clavos usados para fijarlo en la cruz. Restos hallados de palestinos crucificados, nos permiten saber que esos clavos eran de 12 a 17 centimetros de largo y 1 centímetro de grosor.



3.- Agua y sangre salieron de su costado cuando lo atravesaron con una lanza. la mejor evidencia señala que esto fue un lanzazo asestado por un soldado romano para asegurarse de su muerte. La lanza penetró sus costillas perforando su pulmón derecho, la bolsa membranosa que guarda el corazón y este mismo, dejando salir los líquidos pleurales y la sangre. Jesús estaba incuestionablemente muerto antes de que lo bajaran de la cruz y, quizás antes de que le infligieran la herida con la lanza. Las heridas en sus muñecas y pies deben haber cortado nervios principales. El golpe final atestado a su costado era fatal de por sí (v. 34). 


4.- El procedimiento habitual de la crucifixión incluía quebrar las piernas de las victimas para que no pudieran levantarse y exhalar. Los cricificados se asfixiaban pues sus pulmones se llenaban de dióxido de carbónico. Valga la aclaración: A todos los crucificados les quebraban las piernas. Pero verdugos romanos profesionales, sin dudar un momento declararon muerto a Cristo sin quebrar sus piernas.

5.- Jesús fue embalsamado con treinta o cuarenta y cinco kilos de especias y vendas, y puesto en una tumba custodiada (vv. 39,40). Aunque hubiera despertado en la tumba no podría haberse sacado las vendas solo, haber movido la piedra de la entrada por su riel, pasado entre los guardias y escapado sin que lo vieran (Mateo 27.60).

6.- Pilato pidió pruebas de la muerte de Jesús antes de entregar el cuerpo para el funeral.

7.- Si Jesús hubiera controlado todo esto, su apariencia habría sido más la de un miserable resucitado que la de un Salvador. Es improbable que eso hubiera trastornado al mundo.

8.- La revista de la Asociación Médica Americana, en Estados Unidos, publicó en su número del 21 de marzo de 1986 (p.1463), un artículo sobre el tema cuya conclusión dice: «El peso de la evidencia médica e histórica indica claramente que Jesús estaba muerto antes de que le infligieran la herida en su costado; esa misma evidencia respalda el enfoque tradicional de que la lanza metida entre sus costillas derechas, le perforó probablemente no solo el pulmón derecho sino tambien el pericardio y el corazón, asegurando así su muerte. Las interpretaciones que se basan en el supuesto de que Jesús no murió en la cruz parecen, consecuentemente, contrariar la ciencia moderna».

*_. Norman Geisler y Ron Brooks, Apologética - Herramientas Valiosas Para la Defensa de la Fe, Editorial Unilit, 1997, Edición Especial para LOGOI/FLET, pp. 144-147.
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Toda la hostoria de la cruz de Cristo es sumamente conmovedora. Pero, sin lugar a dudas, hay un momento cumbre en todo este relato de azotes y sufrimientos al que fue sometido el Hijo de Dios, y este momento es ese instante, poco antes de morir, en que Jesús en un grito desesperado clama desde la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?». Este clamor, sin embargo, no solo es emotivo sino que ha suscitado muchas preguntas, conjeturas y análisis teológicos sin fin. Pero ¿Qué significó este grito?

Para entender esta expresión  con más precisión, debemos ir hacia atrás en el relato y ubicarnos en el lugar llamado Getsemaní en donde momentos antes de su arresto Jesús hace la oración siguiente «Padre, si quieres, no me hagas beber esta copa; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya.» (Lucas 22.42) Aquí tambien hay un relato muy emotivo. Todos lo evangelios mencionan esta «copa» en referencia al trago amargo de la cruz que implicaba no solamente el sufrimeinto fisico que se acercaba, sino el momento en que se quedaría solo en la Cruz. En en otras palabras, «la copa» se refiere plenamente al momento preciso en que Jesús se quedaría solo en la cruz, expuesto durante tres horas, abandonado, sin la compañia del Padre. La llegada de este momento de soledad significó una agonia sin precedentes en la vida de Jesús.

Ahora,  acercandonos a la escena de la cruz, el relato biblico señala que desde la hora sexta hasta la hora novena, es decir, desde las 12 del medio dia hasta las 3 de la tarde, de manera sobrenatural, hubo una gran oscuridad sobre la ciudad, y es a las tres de la tarde que Jesús gritó a voz en cuello: —Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» Marcos 15.34. D. W. Burdick, muy atinadamente, comenta lo siguiente sobre este pasaje:
«Jesús había estado en la cruz seis horas. Su exclamación repite las palabras de Salmo 22.1 (...). Este desolado grito nos permite entrever los sufrimientos internos de Cristo crucificado. Su mayor agonia no fue de orden fisico; fue más bien agonia de espiritu bajo el peso de la culpa correspondiente al peacado del mundo. El sentido en que Dios habia desamparado a Cristo era que el Padre se habia apartado de la comunión con el Hijo.»
Jesús se convirtio en objeto del desagrado del Padre, absorviendo en el toda la «copa» de la ira de Dios debido al pecado de la humanidad. Durante más de tres horas de sufrimiento fisico y espiritual se mantuvo en la cruz sin comunión con el Padre. Es imposible que Dios mire el pecado complacido y era imposible que en la cruz el Padre mirara complacido a su Hijo mientras cargaba con todo el pecado de la humanidad, por eso lo abandonó, por eso Jesús estuvo solo en la Cruz.
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No había una muerte peor que la crucifixión. Hasta los romanos la miraban con horror. Algunos declaraban que era « la muerte más cruel y aterradora.» Tácito dijo que era «una muerte denigrante». Se dice que este método de ejecución fue impulsado por los persas y tal vez lo inventaron porque para los persas la tierra era sagrada, y no querían contaminarla con el cuerpo de un criminal; así que le clavaban a una cruz y le dejaban morir allí, a la vista de los buitres y de las otras carroñeras que terminarían la ejecución. Los cartagineses adoptaron de los persas la crucifixión, y los romanos, de los cartagineses.

La crucifixión es una acción tan nefasta que no se podría describir con palabras, porque no tiene calificativo.» Fue esa muerte, la más terrible del mundo antiguo, reservada para esclavos y criminales, la que sufrió Jesús.

Después de celebrarse el juicio y de ser condenado el criminal, el juez pronunciaba la terrible sentencia: «¡Irás a la cruz!» El veredicto se llevaba a cabo inmediatamente. Se ponía al condenado en medio de una compañía de cuatro soldados. Se le colocaba el travesaño de la cruz sobre los hombros. Era costumbre azotarle antes, y las imágenes llevadas al cine nos recuerdan lo terrible que era; y era corriente que hubiera que seguir pinchándole o azotándole a lo largo del camino para que siguiera adelante o se levantara si se caía, hasta que llegara al lugar de la ejecución. Delante de él iba un oficial con el cartel en el que se podía leer el crimen por el que se le había condenado, y se le conducía pasando por el mayor número posible de calles. Eso se hacía por una razón esencial, para que el mayor número posible de personas lo vieran y tomaran ejemplo.

El lugar de ejecución en Jerusalén se llamaba El lugar de la Calavera, Kranion, en hebreo Gólgota. (Calvario es la palabra latina con el mismo significado). Estaba fuera de la muralla, porque no era legal crucificar a nadie dentro de los límites de la ciudad. No se sabe con absoluta certeza dónde estaba.

Así es que Jesús salió, destrozado y sangrante, con la espalda rasgada en tiras por los azotes, llevando Su Cruz a la que luego fue atravesado por enormes clavos de hasta 17 cm.; con sed, con hambre y ante la mirada incesante de aquellos que lo acusaban y se burlaban de lo que consideraban miserable. Y sin embargo a todo esto Jesús lo llama "Su Gloria" ¿Puedes creerlo?
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Desde muy temprano en la historia del cristianismo, se produjo una controversia trágica y lamentable sobre quienes fueron los culpables de la muerte de Jesús en la cruz. Por un lado, estaban los que veian con resentimientos al imperio romano y sus ciudadanos, y por otro lado, de manera mucho más marcada  un antisemitismo que alcanzó su maxima expresión en los campos de concentración construidos por el régimen de la Alemania nazi, solo porque, entre otras cosas, consideraban a los judios culpables de la muerte de Jesús.

Pero, ¿Quién o quienes fueron los culpables de la muerte de Jesús ¿Fueron los romanos? ¿Fueron los lideres y el pueblo judío? La respuesta final a esta pregunta es sin duda: Dios. Sí, y aunque para muchas personas esta es una idea sorprendente, esta es la única conclusión a las que nos conduce la biblia.

El profeta Isaias unos 600 años antes de Cristo dijo:«Fue la voluntad del Señor quebrantarlo sujetándolo a padecimiento» (Isaias 53.10)

El Nuevo Testamento, Pablo dice: «[Dios] no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros» (Romanos 8.32) y otra vez exclama: «Dios lo puso [a Cristo] como propiciación... por su sangre, para ser recibido por fe» (Romanos 3.25).

Jesús mismo en una de sus más asombrosas declaraciones  afirmó:

«... Yo pongo mi vida para volverla a tomar, nadie me la quita , sino que yo la pongo de mis mismo . Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.» 
(Juan 10. 17-18)

De manera que Dios mismo fue quien planificó la muerte de su hijo. Nada de los que ocurrió en la vida de Jesús fue un accidente. Era la voluntad del Padre Dios llevarlo al padecimiento. Jesús escogió morir. El lo aceptó y cumplió el plan hasta decir: ¡Consumado ES!

Pero concluido que Dios planificó la muerte de su Hijo, esto no puede quedar ahí, surge en consecuencia la pregunta: ¿Cuál fue el propósito del Padre al crucificar a su Hijo? Las palabras de Juan 3.16 nuevamente nos dan una respuesta contundente: «De tal manera amó Dios al mundo que envió a su único Hijo [a morir] para que todo aquel que crea en él tenga vida eterna».
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La polémica ha rodeado la muerte de Cristo en la cruz por casi dos milenios. En el tiempo del apóstol Pablo, era “tropezadero” para los judíos y “locura” para los griegos (1 Corintios 1:23). Durante los 2,000 años pasados, hombres y mujeres de toda etnia han rechazado—por muchas razones inaceptables—la historia del Salvador crucificado y resucitado. Tristemente, en la actualidad para algunos incluso la cruz física ha llegado a ser un tropezadero. A causa de una supuesta contradicción en cuanto a las palabras que se escribieron en la cruz de Cristo, algunos creen que el mensaje de la cruz que Juan, Pablo, Pedro, Felipe y otros predicaron, simplemente no es digno de confianza. Según los escépticos, los escritores del evangelio no estuvieron de acuerdo en cuanto a lo que decía el título que se puso en la cruz de Jesús.

  • Mateo: “Este es Jesús, el Rey de los Judíos” (27:37).
  • Marcos: “El Rey de los Judíos” (15:26).
  • Lucas: “Este es el Rey de los Judíos” (23:38).
  • Juan: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos” (19:19).
Pregunta: ¿Estuvieron en desacuerdo Mateo, Marcos, Lucas y Juan en cuanto a lo que se escribió en la cruz, o registraron estos cuatro escritores enunciados fidedignos?

Antes de responder la pregunta anterior, considere la siguiente ilustración. Una noche después de salir del trabajo, informé a mi esposa (Jana) en cuanto a una acusación que leí en un cartel publicitario en mi camino. Se trataba de uno de nuestros amigos que estaba tratando de ocupar un puesto en la municipalidad. Procedí a contarle que la acusación decía: “John Doe es un ladrón”. El siguiente día, nuestra sobrina (Shanon) vino a la casa y contó a Jana que había visto un cartel (el mismo que había mencionado un día antes) que decía: “El candidato al municipio, John Doe, es un ladrón”. Finalmente, el próximo día, una amiga (Rhonda) visitó a Jana y le informó del mismo cartel, el cual decía: “El candidato al municipio de Montgomery, John Doe, es un ladrón”. Pregunta: ¿Estaría alguien justificado al decir que Shanon, Rhonda y yo nos contradijimos en cuanto a lo que el cartel decía? ¡Ciertamente no! Los tres reportamos la misma acusación (“John Doe es un ladrón”), excepto que Shanon mencionó el hecho que él era “un candidato al municipio”, y Rhonda añadió que era un candidato de “Montgomery”. Todos reportamos verazmente la acusación que vimos en el cartel. De igual manera, la acusación en la cruz en cuanto a Jesús es la misma en las cuatro narraciones—“el Rey de los Judíos”.

  • Mateo: “Este es Jesús, el Rey de los Judíos” (27:37).
  • Marcos: “El Rey de los Judíos” (15:26).
  • Lucas: “Este es el Rey de los Judíos” (23:38).
  • Juan: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos” (19:19).
La única variación en la inscripción es el nombre personal de Jesús. Esta supuesta contradicción se explica fácilmente al reconocer que Juan registró la inscripción completa, mientras los otros escritores asumieron que todos entendían el nombre personal, y por ende simplemente se enfocaron en la acusación en la cual se basó la crucifixión. La acusación no fue que este hombre era Jesús de Nazaret, ya que no existía controversia en cuanto a Su nombre, ni Su tierra. Fue un hecho conocido que el hombre crucificado entre dos ladrones era realmente “Jesús de Nazaret”. De una manera algo parecida a la acusación controversial mencionada anteriormente en cuanto a John Doe, la acusación clave tenía que ver con el hecho que Jesús era “el Rey de los Judíos”, y los cuatro escritores del evangelio mencionaron esto.

Además, se debe tener en cuenta que la acusación en la cruz fue escrita en tres idiomas diferentes, y se pudo haber necesitado traducirla en algunos casos. Según Juan, el título “estaba escrito en hebreo, en griego y en latín” (Juan 19:20; cf. Lucas 23:38). Se dice que Pilato había escrito el título (Juan 19:19), y él (o quienquiera que ordenó a escribirlo—cf. Juan 19:1) pudo haber escrito una expresión ligeramente diferente en cada idioma de acuerdo a su habilidad en cada idioma, o según el tiempo que quiso emplear en escribir cada una. Adicionalmente, como el comentarista Albert Barnes señaló, “Un evangelista pudo haberlo traducido del hebreo, otro del griego, el tercero del latín y el cuarto pudo haber traducido una de las inscripciones un poco diferente que los otros” (1997).

La inscripción en la cruz de Cristo que los cuatro escritores del evangelio mencionan prueba una vez más, no que la Biblia contiene discrepancias, sino que los narradores escribieron independientemente. No dependieron el uno del otro para asegurarse que sus hechos fueron exactamente correctos. En cambio, sus relatos exactos de la vida de Jesús se basan firmemente en la “inspiración de Dios” (2 Timoteo 3:16).
Articulo original de Apologetics Press
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Sin duda que el Sacrificio de Jesús en la cruz es el más dramático y trascendente de todos los relatos de la Biblia. Y como hemos explicado en artículos anteriores el evangelio de Juan hace un especial énfasis en los detalles de la crucifixión y de manera culminante le atribuye una particular importancia al hecho de que Jesús después de estar muerto fue atravesado con una lanza y que de su costado brotó «Agua y Sangre» a lo que luego, de manera muy solemne añade: Y el que lo vió, da testimonio, y su testimonio es verídico: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis (Juan 19.35)

¿Por qué brotó agua y sangre del costado de Jesús? ¿Qué significado tiene esto?¿Por qué era tan importante para el apóstol resaltar este acontecimiento?  Analicemos este relato paso a paso...

Iniciamos notando que este evangelio deja bien claro que fueron los judíos quienes se encargaron de entregar a Jesús a los romanos para ser crucificado, pero en una cosa sí eran los judíos más piadosos que los romanos. Cuando los romanos ejecutaban una crucifixión siguiendo sus reglas, simplemente dejaban que el inculpado muriera en la cruz, aunque fuera después de pasar varios días al calor del mediodía y al frío de la noche, torturado por la sed y por los insectos que se alimentaban en sus heridas abiertas.

Tampoco enterraban los romanos a los que morían en la cruz, sino simplemente los dejaban a merced de los buitres y de los perros. La ley judía era diferente, y establecía: «Si alguno hubiere cometido algún crimen por el que merece la muerte, y le ajusticiáis colgándole de un madero, no dejéis que su cuerpo pase la noche expuesto en el patíbulo; enterradlo sin falta el mismo día» (Deuteronomio 21:22-23). La Misná, la ley judía de los escribas, establecía: «Todo el que permita que un muerto pase la noche sin enterrar transgrede un mandamiento positivo.» El sanedrín se encargaba de que hubiera dos tumbas dispuestas para los que sufrieran la pena de muerte y no pudieran enterrarse en el mismo lugar que sus padres.

En esta ocasión era todavía más importante el que no se dejaran los cuerpos en las cruces durante la noche, porque el día siguiente era sábado, y el muy especial sábado de la Pascua. Para acelerar la muerte a los inculpados que seguían vivos más de lo conveniente se usaba un método bastante macabro: se les rompían las piernas con una maza. Eso fue lo que hicieron a los otros que estaban crucificados con Jesús; pero en Su caso no fue necesario, porque cuando llegaron los soldados Jesús ya estaba muerto. Juan ve en esa circunstancia el cumplimiento de otro símbolo del Antiguo Testamento: había la norma de no quebrantar ningún hueso del cordero pascual (Números 9:12). De nuevo Juan ve en Jesús al Cordero pascual de Dios que libra de la muerte a Su pueblo.

Por último se nos presenta el extraño incidente. Cuando los soldados vieron que Jesús ya estaba muerto, no le rompieron las piernas con la maza; pero uno de ellos, probablemente para asegurarse aún más de que estaba muerto, le atravesó con la lanza el costado, del que fluyeron «Agua y Sangre». Como habíamos adelantado en el intro, Juan le atribuye a aquello un sentido especial. Ve en ello el cumplimiento de la profecía de Zacarías 12:10: «Me mirarán a mí, a quien traspasaron.» Y añade expresamente que ese es el testimonio de un testigo ocular de lo que realmente sucedió, y que él personalmente garantiza que es cierto.

En primer lugar, preguntémonos qué fue lo que sucedió de hecho. No podemos asegurarlo, pero puede ser que Jesús muriera literalmente porque se le rompiera el corazón. Lo normal, desde luego, es que el cuerpo de un muerto no sangre. Se ha sugerido que lo que realmente sucedió fue que las experiencias físicas y emocionales de Jesús fueron tan terribles que se le reventó el corazón. Cuando sucedió aquello, la sangre del corazón se mezcló con el líquido del pericardio que rodea el corazón; la lanza del soldado rompió el pericardio, y brotó la mezcla de sangre y agua. Sería conmovedor creer que Jesús, en el sentido más literal, murió porque se le partió el corazón.

Aun así, ¿por qué lo subraya tanto Juan? Por estas dos razones:

1ro. Para él era la prueba definitiva e irrefutable de que Jesús era un hombre real con un cuerpo real. Esa era la respuesta a los gnósticos con sus ideas de fantasmas y espíritus y una humanidad irreal. Aquí está la prueba de que Jesús fue carne de nuestra carne y hueso de nuestro hueso.

2do. Pero para Juan aquello era más que una prueba de la humanidad de Jesús: era un símbolo de los dos grandes sacramentos de la Iglesia. Hay un sacramento que tiene por materia el agua: el Bautismo; y otro que representa la sangre: la comunión, con su copa de vino rojo como la sangre. El agua del Bautismo es el símbolo de la gracia purificadora de Dios en Jesucristo; el vino de la comunión es el símbolo de la sangre que fue derramada para salvarnos de nuestros pecados.

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