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El Kerusso

Blog de Carlos Rijo Telleria

Todo lo dicho en los articulos anteriores con relación al aborto y sus implicaciones quedaria en el vacio si no ofrecemos una solución a la triste realidad de la muchas mujeres que han abortado en toda parte del mundo. En cuanto a esto, el consejo de muchos para estas mujeres es reprimir todo sentimiento de culpa. Pero este camino es poco practico, nadie puede ocultar tan terrible realidad. Dificilmente una mujer pueda olvidar al hijo que llevó en su vientre, y cada año,  le martillará en su mente el recuerdo del que pudo estar celebrando un año más de vida.

¿Pero qué se puede hacer? ¿Puede Dios perdonar tal pecado?

Independientemente de que se esté consciente o no que el aborto se trata de dar muerte a una vida humana; Dios por su misericordia, sí lo perdona. El aborto es solo una de las tantas formas en que la humanidad demuestra su lejania de la ley moral de Dios. Todos hemos pecado y estamos destituido de la gloria de Dios (Romanos 3.23).

La solución, entonces es acercarse a Jesucristo, el Hijo de Dios, Pablo lo afirma claramente «Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús señor nuestro» Romanos 6: 23. Y tambien Juan en una de sus cartas dice «Si confesamos  nuestro pecado, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de nuestra maldad» 1 Juan 1: 9.

Muchas mujeres han experimentado este perdón y este cambio. Sus vidas han sido cambiadas a tal grado que hoy muchas de ellas son grandes activistas que aconsejan a otras mujeres en pro de la vida. Estos testimonio son poderosos y cautivantes y han salvado muchas vidas tanto de mujeres como de niños. Jesús vino a buscar a los perdidos de este mundo, ocultar nuestras culpas no resuelve nada, solo reconociendo nuetros pecados delante del Hijo de Dios podemos obtener perdón y restauración.
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El tema del aborto es sumamente complejo y delicado. Las causas expuestas por los legisladores y grupos pro-abortitas para la despenalización del aborto comunmente están cargadas de argumentos confusos que solo pueden ser entendidos y aceptados en una sociedad que se caracteriza por su rechazo a todo valor absoluto. Los argumentos de estos grupos comunmente giran alrededor de una serie de ideas. En este caso expondremos una de las situaciones, quizás la más espinosa, que más se tratan en la defensa del aborto con su respectiva respuesta desde el punto de vista de la comunidad provida y ético-cristiana.

Aborto Por Violación

Este es el caso que más legislaciones a su favor ha encontrado pues se trata el embarazo como el resultado de la imposición del coito sin consentimiento, por medios violentos. Por un lado se dice que seria un trauma mayor y constante para la mujer darle continuidad a un embarazo producto de una relación forzada; por otro lado consideran que el aborto es preferible cuando un niño no es deseado, porque probablemente tendrá que sufrir las consecuencias de ser criado en un hogar donde no será amado y donde es probable incluso que sea maltratado.

Pero existen varios puntos en contra de esta posición:
  1. Diversos estudios demuestran que resulta extremedamente dificil que se produzca un embarazo a causa de una violación, se dice que 1 de cada 1000 mujeres violadas resultan embarazadas. Añadiendo a esto que, muchas jóvenes atribuyen su preñez a una violación simplemente para evitar ser condenadas en medio de su sociedad (véase el caso Roe contra Wade en Historia de la Legalización del Aborto en los Estados Unidos.)
  2. Contrario a la posición pro-abortista, las estadicticas demuestran que en la mayoria de los casos el trauma por el aborto es mucho más grave que el trauma por violación.
  3. Además, el experto en leyes José Ortiz, de la Red de Abogados Cristianos de la República Dominicana, citó en una ocasión para un programa de TV que existe un principio universal que contempla lo siguiente: 
Nadie puede ser penalmente responsable por el hecho de otro.
En el caso específico del incesto por violación, estamos totalmente de acuerdo que también se trata de un crimen horrible, pero nuevamente es el ofensor el que tiene que ser castigado severamente, y tanto la victima como la criatura que resulte de esa violación deben ser tratadas personalmente y alejadas de la presencia del que abusó sexualmente de la joven. Pero la solución nunca debe contemplar la muerte de un bebé inocente. Contrario a la creencia popular, la deformidad fetal es rara en estos casos; pero si el niño tiene deformida, de cualquier modo merece vivir.

Finalmente, Randy Alcorn en su libro «¿Por Qué en Favor de la Vida?» nos cuenta la historia de una mujer que en una ocasión se acercó a él y le dijo:

Mi madre fue violada a los trece años. Ella me dio a luz, para luego darme en adopción. Cada vez que escucho a las personas decir que el aborto está bien en estos casos como el mio, he pensado y entonces me imagino que yo no tengo derecho a estar viva.

La biblia señala a los niños como una bendición en cualquier circunstancia, se conciben como un don del cielo y jamás como una maldición, asi lo expresa el salmo 127.3 «He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.» Por lo tanto, que se abogue por el castigo de los violadores y abusadores, pero nunca por la eliminación del fruto bendito del vientre de una madre.
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El pasado 27 de diciembre de 2011 el senado uruguayo aprobó un proyecto de ley que despenaliza el aborto en las primeras 12 semanas de gestación (tres meses de embarazo). De esta manera Uruguay se une a otros paises de la región entre los que se encuentran Cuba, Puerto Rico y el Distrito Federal de México, cuyas asambleas legislativas, varios años atras, aprobaron la despenalización del aborto durante el primer trimestre de gestación por cualquier motivo. Esto pone en tela de debate el tema del aborto. Es bueno y necesario, nuevamente, refrescar lo que dice la ciencia y retomar los principios éticos sobre el inicio y el valor de la vida humana.

¿Qué dice la ciencia?

El profesor y biólogo Antonio Cruz dice: «La embriologia del desarrolo embrional acepta hoy que la vida del nuevo ser empieza con  la fusión del espermatozoide y el óvulo. A partir de la unión de dos células completamente distaintas, con sus respectivas y diferentes dotaciones cromosómicas, surge una realidad nueva y autónoma. En efecto, la célula huevo o cigoto posee autonomia desde el punto de vista genético ya que, aunque dependa del útero materno para su nutrición y excresión, su desarrollo estará guiado por la información que contienen los propios genes.»

En cuanto al momento en que la nueva vida adquiere la categoria de Persona Humana, es cierto que la ciencia no establece un momento preciso, sin embargo, es ampliamente aceptado por los embriólogos que esto ocurre a las 144 horas despues de la fecundación (Dia 6), es decir, cuando el blastocisto aumenta considerablemente su tamaño y se produce su eclosión, donde se libera de la zona pelúcida para implantarse  en el útero para continuar su correcto desarrollo (Proceso de Anidación). La siguiente figura ilustra el proceso.


En todo caso, citando nuevamente a Antonio Cruz: «el desarrollo del embrión en el claustro (vientre) materno es un preceso continuo y progesivo que va generando estructuras nuevas que antes no existian. No se dan saltos bruscos ni hay discontinuidades.» Esto se puede apreciar en el desarrollo embrionario temprano de los principales sistemas del organismo humano, por ejemplo:

Hacia el dia 20, el neuroectodermo da origen  a la hendidura neural que a su vez se torna en tubo neural y este a su vez se transforma y da origen al encéfalo y la médula espinal. Por su lado, el desarrollo del corazón a partir del mesodermo no diferenciado requiere solo de siete a ocho dias. Por el dia 19 despues de la concepción, los cordones cardiacos especializados comienzan a emigrar juntos de manera medial desde las dos bandas longitudinales del mesodermo visceral. Por el dia 21 se ha formado un centro hueco en cada cordón cardiaco, conocido como tubo cardiaco. Por el dia 23, este se ha fusionado en un solo tubo. Hacia el dia 25 se completa la fusión, se presentan dilataciones y la sangre comienza a ser bombeada. Y resaltamos que TODO esto ocurre antes de los tres meses que se dan como plazo para un aborto despenalizado en los paises antes mencionados y otros.

¿Qué dice la biblia?

Toda la biblia considera la vida como algo sumamente valioso. Dios es el dador de la vida y es quien otorga identidad al nuevo ser. Isaias 49.1 lo expresa así: «Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria» de manera que La Palabra de Dios se corresponde con lo que la evidencia cientifica moderna afirma actualmente. La vida humana debe ser respetada desde el mismo momento de la concepción.

Reflexión final

Concluimos que, toda legislación pública sensata debe proceder de los hechos que la ciencia tenga disponibles. Esto no asegura que la política será justa y razonable, pero es un paso necesario. Los debates políticos respecto al embrión han ignorado estas y otras evidencias basada en los hechos respecto a lo que el embrión es y cuándo empieza a ser  humano.

Obviar los hechos ha proporcionado un cómodo pretexto a aquellos que prefieren creer que la cuestión de cuándo empieza la vida debe dejarse a la elección personal. Está claro que se debe ir más allá de la inutil neutralidad de “nadie sabe cuándo empieza la vida”, y ocuparse sustancialmente de los temas éticos que rodean al embrión humano.
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Uno de los intentos más promovidos actualmente por los grupos pro-aborto, es sin duda la idea de relacionar el aborto con los derechos de la mujer. La Campaña por una Convención Interamericana de los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos, mediante su propuesta de mayo de 2010, expresa lo siguiente, en su Articulo 18 sobre derechos reproductivos:
Las mujeres de todas las edades tienen derecho al ejercicio de una maternidad segura y voluntaria. Asimismo tienen derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, sin poner en riesgo su vida o su salud como consecuencia de ello.
En otras palabras, los que defienden el aborto lo hacen porque creen, entre otras cosas, que el fruto de un embarazo no es en realidad una persona humana, sino un “producto” del cual la madre puede disponer si lo desea porque se trata de su cuerpo sobre el cual tiene pleno derecho. ¿Es cierto todo esto?

Para desmentir esto lo primero que debemos hacer resaltar ciertas caracteristicas, cientificamente comprobables, que hacen de la criatura recien concebida, una vida diferente de la madre. 

Primero, el niño concebido posee un codigo genético notoriamente diferente del de su madre. Como señalamos en el articulo ¿Cuándo Empieza La Vida Humana?: «Desde el momento de la concepción, la célula huevo o cigoto posee autonomia desde el punto de vista genético ya que, aunque dependa del útero materno para su nutrición y excresión, su desarrollo estará guiado por la información que contienen los propios genes.»

Segundo, pronto la vida en desarrollo del embrion tendrá, bien diferenciado de los de su madre, un nuevo corazon palpitando,  un nuevo tipo de sangre circulando, una cabeza, dos ojos, dos brazos, dos piernas, y más órganos que no pertenecen a su progenitora. ¿Y qué decir si está embarazada de un bebé varón? En este caso tambien tendrá organos genitales diferentes.

Todo esto debe llevarnos a concluir que el derecho que tiene una mujer sobre su cuerpo no deberia incluir la eliminación de la nueva vida que lleva en su vientre. Como señala muy atinadamente Randy Alcorn: «El tan sonado derecho a la elección ignora lo obvio: no todas las elecciones son legitimas. En realidad -y en esto coincidirian tanto los cristianos  como los no cristianos- algunas elecciones son buenas, otras malas. Por lo tanto, no podemos ser uniformemente pro elección o contrarios a la elección. En lugar de eso, deberiamos ser pro bien y contrarios a las mala elección»  

Finalmente, estamos totalmente de acuerdo con la defensa de los derechos humanos de la mujer, pero ¿Quién difiende los derechos humanos del niño no nacido?. La defensa del aborto está llena de contradicciones que van desde el plano cientifico hasta el plano de lo social y legal. No se puede suprimir la vida de un inocente en nombre de la "libertad de elección".
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¡Conoce, Actúa, Exige! Esta son las palabras con las que la Asociación Dominicana de Bienestar de la Familia, ProFamilia, pretende motivar su programa «Impulsando el Ejercicio de los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos» a través de una campaña mediática que ha generado controversias hasta de carácter judicial.

Para llevar a cabo este programa, ProFamilia se ha trazado cuatro líneas de lo que ellos llaman derechos sexuales y reproductivos, planteados como derechos humanos. Estas cuatro líneas son anticoncepción, interrupción del embarazo, acoso sexual y educación sexual. Pero los argumentos de esta institución, sin mencionar los aspectos morales, son contrarios al uso de la razón.

El primer caso es que cuando se trata el asunto de la anticoncepción y de la prevención de las ETS aparece un condón dominando la escena (A propósito, ProFamilia es uno de los principales vendedores de condones en el país) Cuando ellos saben que según recomendaciones del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CCPE) la mejor forma de prevenir esos riesgos es practicando la abstinencia y que el uso del condón puede llegar a ser más efectivo solo en una relación mutuamente monógama, un aspecto pasado por alto en el mencionado programa.

En cuanto a la interrupción del embarazo ProFamilia pretende justificarlo en los casos de incesto, violación y cuando la vida de la madre está en riesgo. Hay que estar de acuerdo en que tanto el incesto como la violación son crímenes horribles, pero son los ofensores los que deberían ser castigados. ¿Por qué razón un niño tiene que pagar por el crimen de otro? Como lo plantea Randy Alcorn: «si usted descubre que su padre biológico había violado a su madre ¿Sentiría que no tiene derecho a vivir?»

Se pasa por alto también las estadísticas que revelan que las mujeres que han abortado por causa de una violación testifican que éste aumentó su trauma. Un día ellas llegan a comprender las implicaciones del aborto… y los que aconsejaron el aborto ya no estaban allí para sobrellevar su culpa y su pesar.

Pero ¿qué pasa cuando la vida de la madre está en riesgo? ProFamilia debería saber que «riesgo» es un concepto muy amplio. Todo embarazo en sí representa un riesgo para la madre y, en todo caso, como proclama el Dr. Landrum Shettles, en EE.UU. que tiene cifras records en abortos, menos del 1% de todos los abortos se practica para salvar la vida de la madre. Estamos de acuerdo en que en algunas situaciones trágicas (que son casos muy raros) se debe perder una vida. Pero la meta, contrario a lo que se plantea, no bebe ser quitar vidas; deberíamos garantizar que la vida que se pueda salvar se salve.

Finalmente, en un debate donde participó la directora ejecutiva de ProFamilia, Magaly Caram, dijo que la campaña que sigue la Asociación obedece a la realidad social que se vive en el país, donde los jóvenes inician su vida sexual a edades cada vez más tempranas. La solución, por ejemplo, es el uso del condón para que tengan «sexo seguro». Pero si seguimos esta línea de pensamiento de ceder ante las situaciones graves de la sociedad, también deberíamos hacer concesiones para que el drogadicto se pueda drogar y el asaltante pueda asaltar, etcétera, siempre y cuando sea de «forma segura» pues también esas son realidades de nuestra sociedad.

El llamado es a que ProFamilia haga honor a su nombre y entienda que sí, hace falta más educación sexual, pero educación sexual integral, basada en principios morales y de buenas costumbres, donde de manera racional sea respetada la autoridad de los padre sobre sus hijos. Creemos que estos principios pueden ser vistos de manera objetiva y clara solo en las enseñanzas bíblico-cristianas, la regla infalible de Dios al hombre.
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Clive Staples Lewis, nacido en Irlanda del Norte (1898–1963), popularmente conocido como C. S. Lewis, fue un crítico literario, académico prominente de la facultad de Inglés de la Universidad de Oxford, locutor de radio y ensayista. También conocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del Diablo a su Sobrino, la Trilogía Cósmica y, su obra más famosa, Las Crónicas de Narnia; compuesto por varios libros ampliamente vendidos y popularizados en el teatro, la televisión y el cine.

Lewis fue criado en una familia religiosa de la Iglesia de Irlanda y recibió clases de muy buena calidad aunque, en la mayoria de los casos de tutores privados. En septiembre de 1913 se matriculó en el Malvern College, donde permanecería hasta junio del año siguiente, y curiosamente, es en esta misma época que el joven de 15 años de edad abandonó la fe cristiana de su niñez, y se convirtió en un ateo interesado por la mitología y el ocultismo. Así Lewis se mantuvo siendo ateo la mayor parte de su juventud. Su separación del cristianismo comenzó cuando empezó a ver su religión como una tarea y un deber. Lewis citaba a Lucrecio como quien tenía el argumento más fuerte a favor del ateísmo, cuando dice:
Si Dios hubiera diseñado el mundo, no sería 
un mundo tan frágil y defectuoso como lo vemos
Mientras que en su juventud Lewis intelectualmente era ateo, después diría en su autobiografía (Sorprendido por la Alegría) que en realidad él estaba "muy molesto con Dios por no existir". Luego Influenciado por argumentos de sus colegas cristianos en Oxford, principalmente por su amigo J. R. R. Tolkien (autor de "El Señor de los Anillos"), como también por el escocés George MacDonald y sus cuentos fantásticos, lentamente fue redescubriendo el cristianismo. En 1929 vino a creer en la existencia de Dios, aunque peleó fieramente en contra de ella. Describió su lucha intelectual en su autobiografía:

Debes imaginarme solo, en aquella habitación del Magdalen, noche tras noche, sintiendo,cada vez que mi mente se apartaba del trabajo, el acercamiento continuo, inexorable, de Aquel con quien, tan encarecidamente no deseaba encontrarme. Aquel a quien temia profundamente cayó al final sobre mi. Hacia la festividad de la Trinidad de 1929 cedí, admití que Dios era Dios y, de rodillas recé [oré]; quizá fuera, aquella noche, el converso más deslentado y remiso de toda Inglaterra.

Lewis aclara en el capitulo XV de "Sorprendido Por La Alegria" que esta conversión no fue al Cristinianismo. "Aun no sabia nada de la Encarnación [de Cristo]. Al Dios que me sometí simplemente no era humano", dice.

Es en 1931, después de una larga discusión con Tolkien y otro de sus amigos cercanos (Hugo Dyson), Lewis se convirtió al cristianismo y, en contra de lo querido por Tolkien, se unió a la Iglesia de Inglaterra.

La obra de C.S. Lewis es muy grande y diversa. Pero, a partir de su conversión, donde verdaderamente puso todo su empeño fue en la difusión de la fe cristiana. Ahí se destacó como el apologista (defensor del cristianismo) más importante de su época y más allá.

El pensamiento de C.S. Lewis se puede identificar con cualquier rama del saber, debido a la importancia que reviste el ser humano en su pensamiento. Temas como, el lugar del hombre en el universo, la unidad sustancial de cuerpo y alma, el amor y el dolor, alcanzar a Dios partiendo de experiencias fundamentales.

A partir de ahí Lewis muestra la verdad de la revelación como la clave de la inteligibilidad del misterio del hombre. Su pensamiento gira alrededor de estas tres realidades: la existencia de un Dios personal, la centralidad de Cristo en la creación y la historia de la salvación del hombre.

Siempre vigilante a la actualidad, sensible a los problemas del hombre, no perdía ocasión para dar un testimonio de verdad intemporal. Cualquier oportunidad era propicia para hablar, escribir, impugnar, rebatir, contradecir y pelear con argumentos lógicos, como ecuaciones precisas de la geometría divina. Aquí algunas de sus frases más impactantes que revelan como él fue conciliando la idea de la existencia de Dios con el mundo defectuoso y de dolor al que estaba sometido:
"Dios nos susurra en nuestros placeres, habla en nuestra conciencia, pero grita en nuestros dolores; el dolor es su megáfono para despertar a un mundo sordo".

"La dureza de Dios es más agradable que la amabilidad de los hombres, y su coacción es nuestra liberación".
Lewis explicó y defendió la fe cristiana al hombre de hoy y lo hizo poniendo su talento y sus conocimientos al servicio de Dios. Murió el 22 de noviembre de 1963, Contaba 65 años de edad.
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Pocos personajes en la historia del cristianismo han sido discutidos tanto o tan acaloradamente como Martín Lutero. Para unos, Lutero es el ogro que destruyó la unidad de la iglesia, la bestia salvaje que holló la viña del Señor, un monje renegado que se dedicó a destruir las bases de la vida monástica. Para otros, es el gran héroe que hizo que una vez más se predicara el evangelio puro, el campeón de la fe bíblica, el reformador de una iglesia corrompida.

Aunque el no fue el primer reformador, si fue el más notable. Lutero cambió el curso de la historia al desafiar con valentia el poder del papado y del imperio, sosteniendo puntos de vista contrarios a la práctica y ordenanzas de la religión establecida, el catolicismo. La principal doctrina evangélica que Lutero alzó contra el sistema ritualista de penitencias fue la de que la salvación es por gracia solamente, no por obras.

La chispa que movió al monje vino probablemente en 1515, cuando Lutero empezó a dar conferencias sobre la Epístola a los Romanos, pues él mismo dijo después que fue en el primer capítulo de esa epístola donde encontró la respuesta a sus dificultades. Esa respuesta no vino fácilmente. No fue sencillamente que un buen día Lutero abriera la Biblia en el primer capítulo de Romanos, y descubriera allí que “el justo por la fe vivirá”. Según él mismo cuenta, el gran descubrimiento fue precedido por una larga lucha y una amarga angustia, pues Romanos 1:17 empieza diciendo que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”. Según este texto, el evangelio es revelación de la justicia de Dios.

Y era precisamente la justicia de Dios lo que Lutero no podía tolerar. Si el evangelio fuera el mensaje de que Dios no es justo, Lutero no habría tenido problemas. Pero este texto relacionaba indisolublemente la justicia de Dios con el evangelio. Según Lutero cuenta, él odiaba la frase “la justicia de Dios”, y estuvo meditando de día y de noche para comprender la relación entre las dos partes del versículo que, tras afirmar que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”, concluye diciendo que "el justo por la fe vivirá?"

La respuesta fue sorprendente. La “justicia de Dios” no se refiere aquí, como piensa la teología tradicional, al hecho de que Dios castigue a los pecadores. Se refiere más bien a que la “justicia” del justo no es obra suya, sino que es don de Dios. La “justicia de Dios” es la que tiene quien vive por la fe, no porque sea en sí mismo justo, o porque cumpla las exigencias de la justicia divina, sino porque Dios le da este don. La “justificación por la fe” no quiere decir que la fe sea una obra más sutil que las obras buenas, y que Dios nos pague esa obra. Quiere decir más bien que tanto la fe como la justificación del pecador son obra de Dios, don gratuito.

En consecuencia, continúa comentando Lutero acerca de su descubrimiento, “sentí que había nacido de nuevo y que las puertas del paraíso me habían sido franqueadas. Las Escrituras todas cobraron un nuevo sentido. Y a partir de entonces la frase ‘la justicia de Dios‘ no me llenó más de odio, sino que se me tornó indeciblemente dulce en virtud de un gran amor”.

Pero los acontecimientos posteriores revelaron otra faceta de su carácter, durante todo este tiempo Lutero parece haber sido un hombre relativamente reservado, dedicado a sus estudios y a su lucha espiritual. Su gran descubrimiento, aunque le trajo una nueva comprensión del evangelio, no lo llevó de inmediato a protestar contra el modo en que la iglesia entendía la fe cristiana. Al contrario, nuestro monje continuó dedicado a sus labores docentes y pastorales y, si bien hay indicios de que enseñó su nueva teología, no pretendió contraponerla a la que enseñaba la iglesia.

Cuando por fin decidió que había llegado el momento de lanzar su gran reto, compuso noventa y siete tesis, que debían servir de base para un debate académico. En ellas, Lutero atacaba varios de los principios fundamentales de la teología escolástica, y por tanto esperaba que la publicación de esas tesis, y el debate consiguiente, serían una oportunidad de darle a conocer su descubrimiento al resto de la iglesia.

La controversia fue más de lo Lutero se proponia. Lo que había sucedido era que, al atacar la venta de las indulgencias de Juan Teztel en Alemania , creyendo que no se trataba más que de la consecuencia natural de lo que se había discutido en el debate anterior, Lutero se había atrevido, aun sin saberlo, a oponerse al lucro y los designios de varios personajes mucho más poderosos que él. Según Lutero, si es verdad que el papa tiene poder para sacar las almas del purgatorio, ha de utilizar ese poder, no por razones tan triviales como la necesidad de fondos para construir una iglesia, sino sencillamente por amor, y ha de hacerlo gratuitamente (Tesis 82). Pero aunque muchos abrigaban tales sentimientos, nadie protestaba, y la venta continuaba.

Fue entonces cuando Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Esas tesis, escritas en latín, no tenían el propósito de crear una conmoción religiosa, como había sido el caso con las anteriores. Lutero dio a conocer sus tesis la víspera de la fiesta de Todos los Santos, y su impacto fue tal que frecuentemente se señala esa fecha, el 31 de octubre de 1517, como el comienzo de la Reforma protestante y la reafirmación de que la Palabra de Dios es el punto de partida y la autoridad final de la Iglesia y de toda teología.


(Justo L. González, Historia del Cristianismo II, págs. 16-22. Ed. Unilit, 1994)
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Es de todos sabido que Lutero trata de hacer de la Palabra de Dios el punto de partida y la autoridad final de su teología. Como profesor de Sagrada Escritura, la Biblia tenía para él gran importancia, y en ella descubrió la respuesta a sus angustias espirituales. Pero esto no quiere decir que Lutero sea un biblicista rígido, pues para él la Palabra de Dios es mucho más que la Biblia. La Palabra de Dios es nada menos que Dios mismo. 

Esta última aseveración se basa en los primeros versículos del Evangelio de Juan, donde se dice que “al principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios“. Las Escrituras nos dicen entonces que, en el sentido estricto, la Palabra de Dios es Dios mismo, la segunda persona de la Trinidad, el Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros. Luego, cuando Dios habla, lo que sucede no es sencillamente que se nos comunica cierta información, sino también y sobre todo que Dios actúa. Esto puede verse también en el libro de Génesis, donde la Palabra de Dios es la fuerza creadora. “dijo Dios. . . ”. Luego, cuando Dios habla Dios crea lo que pronuncia. Su Palabra, además de decirnos algo, hace algo en nosotros y en toda la creación.

Esa Palabra se encarnó en Jesucristo, quien es a la vez la máxima revelación de Dios y su máxima acción. En Jesús, Dios se nos dio a conocer. Pero también en El venció a los poderes del maligno que nos tenían sujetos. La revelación de Dios es también la victoria de Dios.

La Biblia es entonces Palabra de Dios, no porque sea infalible, o porque sea un manual de verdades que los teólogos puedan utilizar en sus debates entre sí. La Biblia es Palabra de Dios porque en ella Jesucristo se llega a nosotros. Quien lee la Biblia y no encuentra en ella a Jesucristo, no ha leído la Palabra de Dios. Por esto Lutero, al mismo tiempo que insistía en la autoridad de las Escrituras, podía hacer comentarios peyorativos acerca de ciertas partes de ellas. La epístola de Santiago, por ejemplo, le parecía ser “pura paja”, porque en ella no se trata del evangelio, sino de una serie de reglas de conducta. También el Apocalipsis le causaba dificultades. Aunque no estaba dispuesto a quitar tales libros del canon, Lutero confesaba abiertamente que se le hacía difícil ver a Jesucristo en ellos, y que por tanto tenían escaso valor para él.

Esta idea de la Palabra de Dios como Jesucristo era la base de la respuesta de Lutero a uno de los principales argumentos de los católicos. Estos argüían que, puesto que era la iglesia quien había determinado qué libros debían formar parte del canon bíblico, la iglesia tenía autoridad sobre las Escrituras. La respuesta de Lutero era que, ni la iglesia había creado la Biblia, ni la Biblia había creado a la iglesia, sino que el evangelio las había creado a ambas.

La autoridad final no radica en la Biblia ni en la iglesia, sino en el evangelio, en el mensaje de Jesucristo, quien es la Palabra de Dios encarnada. Puesto que la Biblia da un testimonio más fidedigno de ese evangelio que la iglesia corrompida del papa, y que las tradiciones medievales, la Biblia tiene autoridad por encima de esa iglesia y esas tradiciones...

(Justo L. González, Historia del Cristianismo II, págs. 22 y 23 Ed. Unilit, 1994)
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Uno de los puntos más importantes que surgió tras la Reforma Protestante es el hecho de que la Biblia es La Palabra de Dios infalible. Sin embargo, en la actualidad, aun dentro de algunos círculos protestantes se pasa por alto, muy comúnmente, que si asumimos que La Escritura es palabra de Dios infalible, también debe ser suficiente.

La mayoría de los reformadores y sus seguidores aceptaron y defendieron con vehemencia la Doctrina de la suficiencia de Las Escrituras, que sostiene que la Biblia es todo lo que necesitamos para la vida de fe y servicio. Esta nos provee una clara presentación de la intención de Dios para restaurar la relación rota entre Él y la humanidad a través de Su Hijo Jesucristo. Ningún otro escrito ni «revelación» es necesario para entender estas buenas nuevas, ni ningún otro escrito se requiere para equiparnos para una vida de fe.

La Confesión de fe de Londres de 1689, en su artículo sobre las Sagradas Escrituras, dice muy explícitamente: 
«Las Sagradas Escrituras constituyen la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores.» 
Y más adelante añade:
«Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y la vida, está expresamente expuesto o necesariamente contenido en las Sagradas Escrituras; a las cuales nada, en ningún momento, ha de añadirse, ni por nueva revelación del Espíritu ni por las tradiciones de los hombres.»
Ahora, cuando hablamos de «La Escritura» nos referimos a todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento. Pablo se lo explica así, al joven pastor Timoteo: 
…«las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda Escritura es dada por inspiración de Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra»
(2 Timoteo 3:15-17.)

Con esto podemos ver que desde el tiempo de los apóstoles hasta el presente, la verdadera iglesia siempre ha creído que la Biblia está completa y es suficiente. Dios ha dado su revelación y ahora La Escritura está terminada. Dios ha hablado. Lo que él nos dio es completo, eficaz, suficiente, sin error, infalible y autoritativo. Aunque parece muy fuerte, hay que reconocer que los intentos de añadirle a la Biblia y los reclamos de revelación posterior de Dios siempre han sido característicos de los herejes  y de los sectistas, no del verdadero pueblo de Dios.

El problema de hoy es que la suficiencia de la Escritura está bajo ataque, La Palabra de Dios ha dejado de ser la guía en muchos aspectos de la vida,  y lamentablemente esto se promueve casi siempre de dentro de nuestras mismas iglesias. Técnicas mundanas de organización, métodos para atraer multitudes, entretenimiento, revelaciones no bíblicas, misticismo, y consejería psicológica, todos declaran que la Biblia y sus preceptos no son adecuados para vivir la vida cristiana. Parece que no se percibe que decir que necesitamos la Biblia y algo más equivale a invalidarla por completo. Debemos ya meditar en esto, si invalidamos La Palabra de Dios ¿Con qué nos alumbraremos?
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